No caeré en la tentación de odiarte

Caeré en la tristeza, caeré en la rabia, caeré en la indignación de ver violencia, y violencia justificada. Caeré en el llanto porque el mundo siga siendo este lugar donde destruir lo sagrado de la vida. Pero, a ti que hoy me miras distinto, a ti que eres tan pueblo como yo, tan marea como yo de la vida y de la muerte, por más que justifiques la violencia institucional, la represión de una dictadura disfrazada de lo que se quiera disfrazar tan bien o tan mal como el lobo de Caperucita tumbado en la cama, a ti, no caeré en la tentación de odiarte. Se te olvida que hace dos días nuestra sangre fue sangre de Guerra Civil, que me delataste, que nos delatamos, que nos hemos torturado, que me violaron y me mataron delante de mis hijos, que ni tú ni yo ganamos, que los dos salimos perdiendo, y que parte de nosotros no aprendió nada de esto. Se te olvida que la guerra no acabó en el 39, se te olvida que hemos seguido haciéndonos daño, que en realidad esa guerra nunca acabó. Pero se te olvida, también se te olvida que parte de nosotros sí aprendió algo de aquello, o es que antes de aquello ya lo sabía. Se te olvida que, igual que se delataron y traicionaron hermanos a hermanos, familias de diferentes bandos se dieron cobijo y actuaron en plena guerra, en pleno odio, en plena destrucción, desde el único lugar desde donde el ser humano debería poder actuar. Desde el amor es desde donde se actúa cuando prima más la integridad de tu salud y de tu vida, mi respeto por tu cuerpo, por tu visión del mundo distinta a la mía y por tu libertad de decisión actuando a la vez, recíprocamente, con amor y respeto hacia mí; cuando prima más todo esto que mis ideas políticas y un ejercicio de poder al servicio de algo tan volátil como la mente.

No caeré en la tentación de odiarte aunque hoy justifiques una violencia institucional que, realmente, nunca se tomó un respiro; porque alguna vez hemos sido vecinos, amigos, compañeros de carrera, porque alguna vez nos hemos reído juntos, porque alguna vez has llorado y te he abrazado, porque alguna vez me ha dolido lo que a ti te ha dolido y me he alegrado por lo que también tú lo has hecho. No caeré, aunque tú lo hagas, en la tentación de odiarte al servicio de quienes nos mediatizan para que nos odiemos. Ésos nunca se acordarán ni de ti ni de mí. Ni les dolerá durante siglos el agujero negro de ese odio por el que hicimos y nos hicimos daño, ni les engrandecerá el amor y el respeto ejemplar que pudimos tenernos como seres humanos hechos de carne, hueso y alma conviviendo, aunque a una pregunta sobre cómo convivir tú le dijeras no y yo le dijera sí. Ésos no te tendrán en cuenta en su olimpo. Tu quizás seguirás enjaulado en esta jaula que tanto esfuerzo pone en parecer otra cosa, seguirás quizás trabajando en precario y en exceso, quizás sin tiempo para criar a tus hijos ni para cuidar a tus mayores, quizás sin valor de escuchar a tu alma y aportar tu rayo de luz al mundo, quizás creyéndote que el problema de este país (del que tú quieras) es otro.

Una vez más, y éste será mi mantra, sólo el amor puede abrir y ser camino.

Foto: Juan León

© Iratxe Mugire

Comments are closed.