Lo hadi aingürüa

En estos días de julio se despidió así una luminosa noche de verano. Luminosa por dentro, dentro de mí, cuando después de un tiempo vital de silencio, un escenario me salió al paso a recordarme de qué material estoy hecha, qué tipo concreto de electricidad hace arrancar a mis células. Al final del verano ya sabía que “ahora” era el momento de agrupar un puñado de canciones amigas y antiguas compañeras, y grabar por fin “mi disco”, “el” disco.

Tres años cuento desde esta epifanía, tremenda gestación la mía, y lo tremendo incluye los altibajos con sus altos, bajos, y planos, e incluye el fruto, que ya apunta por dónde reventar su jugo… Que ya está, que ya está casi, y ya se sabe que los mejores frutos son los del estío, esa estación pagana que solapa al verano y lo prorroga con un sabor dulce extático antes de que el otoño nos pille nostalgiando memorias…

“La vida, bella y efímera…”

La vida, la vida se entrelaza con nuestros planes, los empuja, los aparta, los trae de vuelta como la marea trae un personal tesoro desechado por la memoria, los relanza a la luz, nos los ofrenda y los coloca con delicadeza a nuestros pies, nos desafía, nos pregunta, ¿de veras quieres hacerlo, éste es tu camino? Sí, lo es, Vida, sí, quiero.

“La vida, bella y efímera como los altares de flores y los amores de paso” (Eduardo Galeano)